Piropo o Acoso Callejero



Aunque soy una mujer con un cuerpo fuera del estereotipo de belleza, y aunque llevaba ropa nada reveladora (una falda con un largo normal, y una blusa nada insinuante) mientras caminaba de mi casa a la universidad, y de regreso, en un recorrido de 4,2 km aproximadamente, tuve que soportar las palabras y miradas de por lo menos 10 hombres de diferentes edades.
Este suceso me llevó a pensar que todas sin importar nuestra talla o edad hemos tenido que aguantar piropos callejeros, miradas morbosas, silbidos en la calle y unos cuantos arrimones en el servicio de transporte publico.

Es por eso que siempre que una mujer sale a la calle, camina pensando en que la pueden violar, o que está expuesta a cualquier tipo de peligro sexual, y como es algo que se ha vuelto tan común para todas, nos acostumbramos a vivir con miedo. Y a pesar de que algunos digan que son piropos para exaltar la belleza femenina y otros culpe nuestra forma de vestir, más que halagarnos nos intimidan, porque aunque llevemos pantalón no nos salvamos de ello.

El acoso callejero es tan frecuente que tan solo en la capital colombiana, 6 de cada 10 mujeres son acosadas en el trasporte publico. Y lo peor es que es una situación muy difícil de denunciar, ya que por lo menos en Colombia no hay una legislación propia para el acoso callejero, y como si fuera poco se prohíbe usar gas pimienta, aerosoles o cualquiera de estos elementos con los que nos podríamos defender.

Y aunque con una simple mirada, o con una respuesta verbal podemos "defendernos" no todas tenemos la capacidad de hacerlo, a algunas la timidez o el miedo las paraliza, y no queda más remedio que agachar la cabeza y seguir caminando como si nada hubiera pasado, como si la que cometió una falta fuera uno, como si la victima fuera culpable.

Dejemos de culpar a las victimas, y empecemos a reprender a los victimarios, y a educar a todos los que en un futuro podrían convertirse en victimarios. Paremos de enseñar a las niñas como defenderse o a imponer comportamientos, y reglas de vestimenta para que no las acosen, y empecemos a enseñarle a los niños que no está bien acosar a una mujer en la calle, que como ellos merecemos respeto, no por ser mujeres, sino por ser personas con un valor y una dignidad igual a la de ellos.

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